domingo, 7 de abril de 2019

Ronde van Vlaanderen - Tour de Flandes 2019



Éste está siendo un año un poco extraño para mí. La lesión del rotuliano me ha dejado tres meses sin correr, y aunque podían haber sido menos, decidí alargar el tiempo de no correr para asegurar la correcta sanación.

Ello me dejó “entregado” a la bici, pudiendo dedicar unos tres entrenos semanales a las dos ruedas. Así, me planto con 45 años y el mejor estado de forma de mi vida sobre las dos ruedas.

Nunca se deja de aprender, aunque sea por error (por eso es importante saber reconocerlos). A veces hace uno las cosas muy bien por accidente y no necesariamente ha de saber qué hizo bien.

Hacer el Tour de Flandes tenía que ser un punto intermedio en el camino a los Tri’s, pero la lesión y la incertidumbre de si podría poder llegar a hacerlos, lo convirtió en un actor principal de la temporada.

No sé si el gran estado de forma fue debido al volumen hecho, al haber ido más descansado por no correr (hay una diferencia brutal a la hora de encontrarse bien a nivel de tendones y articulaciones cuando no se corre), la intensidad que hice más tarde o, quizá más probable, a la mezcla de ambas. A veces uno se “equivoca bien”.

Del Tour de Flandes me atraía, a parte de la prueba, el poder pasar un buen fin de semana con mis amigos, y conseguimos el objetivo buscado. Un gran fin de semana para recordar con los compañeros del club.

Podría resumir rápidamente el fin de semana en: amigos, risas, sufrimiento/placer de los 230km en bicicleta por Bélgica, la pasión del público, el pavé (o adoquines), las condiciones climatológicas, los míticos y temibles muros de Kwaremont, Koppenberg o Kapelmuur, uno de los monumentos de las clásicas de primavera, ... esto ha sido la Ronde van Vlaanderen (o Tour de Flandes).

En lo que a la marcha cicloturista se refiere, salimos a las 7:15 am, y los primeros 90km llanos los hicimos en grupo a una media de casi 35km/h y personalmente con muy buenas piernas, atravesando gran variedad de pueblos, sin parar en el avituallamiento del km 40, y reagrupándonos todos en el av. del km 90. A partir de ahí, empezaban los tramos de adoquín, algunos (pocos) llanos (los que a mí en particular me hacían más daño) y otros en subida (siempre que no se caiga alguien delante tuyo y lleves el desarrolo adecuado, se pueden subir bien).

El primer tramo de adoquín nos enseñó rápidamente que el adoquín, o se quiere (rara vez, pero se quiere para siempre) o se odia. Por como te deja la vibración en cada parte de tu cuerpo, normalmente eres de los que lo odian. Yo, también. Cada tramo deseaba que se acabara lo antes posible, afectándome sobre todo a los antebrazos, cuando volvíamos a entrar en asfalto “liso”, las piernas volvían a funcionar de nuevo.

En uno de los primeros muros Peri y yo nos fuimos del grupo, y nos perdimos en una bifurcación..., por suerte, “solo” acabaron siendo 5km extras, pues pudimos corregir el error, deshacer el camino y en siguiente avituallamiento nos reagrupamos con todos de nuevo.

Los muros (en total 18), conforme pasan los km se hacen cada vez más duros, pero hay dos en especial, Paterberg (el último) y Koppemberg que son muy duros, con pendientes por encima del 20%, que si le sumas el adoquín y un desarrolo corto (mi bici de alquiler venía con un 36x28), pues aún cuesta más subirlos.

El tramo final de la cicloturista condensa la gran parte de los muros, combinado con un circuito rompeoieras que discurre por caminos rurales estrechos y con numerosas curvas a derecha, a izquierda,..., puro divertimento. Tuvimos la sensación de ir pillando grupos y adelantando ciclistas todo el rato, incluso en alguna ocasión nos vimos tirando de un pelotón de más 100 ciclistas... increíble!!

Hasta el km 200 tuve buenas piernas, y aunque acabé muy entero, los últimos 30 km no iba tan fino, pero el GRAN Peri me ofreció su rueda y me llevó en volandas a meta, en los últimos km perdí la cuenta de la cantidad de grupos que pasamos tirando Peri del grupo.

Después de pasar por escenarios y tramos míticos como los que hemos hecho, aún se valora más como los profesionales pueden pasar por ahí a esa velocidad... Nunca antes había hecho 230 km en bici! (aunque entre el enlace a la salida, los km extra que hicimos, y los extra a meta, acabaron siendo 245)


Hubieron muchas risas, muchos momentos divertidos (siempre que podáis, montad una expedición con amigos), muchas anécdotas y solo me queda agradecer al gran anfitrión Greg por organizarnos hasta el último detalle y ser el verdadero culpable que la logística del fin de semana funcionara al 100%.

Aún así, por mucho que escriba, no se puede entender una carrera como ésta si no la vives.

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 © Miquel Morales.

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